
Después de ganar millones durante años tocando una música electrónica eufórica, el productor estadounidense tiene ambiciones más grandes
Steve Aoki sabe exactamente lo que va a pasar cuando se muera. Su cuerpo quedará a cargo de la Alcor Life Extension Foundation, una organización con una flota de cilindros de criogenia en Arizona. Alcor promete mantener la forma terrenal de Aoki a una temperatura lo suficientemente baja como para que -si la tecnología alguna vez alcanza el punto que espera Aoki- lo puedan reanimar y/o su consciencia pueda ser subida a una computadora, ofreciéndole algo así como una inmortalidad digital. Aoki, que tiene 38, puso este plan en marcha después de leer la obra del famoso futurista Ray Kurzweil, quien especula con que estos escenarios se vuelvan una realidad científica de manera inminente. Por este contrato con Alcor, Aoki va a pagar más o menos 220.000 dólares. El precio podría haber sido más bajo si hubiera optado por congelar solamente su cabeza -«El CEO de la compañía sólo se hace la cabeza», dice-. Pero Steve Aoki está listo para aprovechar la oportunidad de regresar de la cabeza a los pies, «quizás en 200 años», porque Steve Aoki es sobre todo un tipo optimista.
Aoki acaba de aterrizar en Las Vegas desde un show en Croacia, y está en camino a la casa de 1.000 metros cuadrados de la que es dueño en el exclusivo suburbio de MacDonald Heights. Una escribana lo espera desde hace una hora y media para tomarle las huellas digitales en su cocina, sobre un mueble enorme de mármol. «¿Para qué es esto?», le pregunta Aoki a Eliza, su asistente, mientras la escribana le pone tinta en los dedos. Eliza no está segura; algo relacionado con renovar el permiso para vender alcohol en un restaurante del cual es dueño en Manhattan. «Tené cuidado con la tinta», le instruye a la escribana. «Este mármol es caro.» Abundan las cosas caras: arriba de él hay una escultura de Bansky enorme de una serpiente que parece haberse tragado a Mickey Mouse. En el horizonte está el Vegas Strip, donde Aoki pasa música tan seguido que tenía sentido mudarse acá.
La importancia de Rocky es enorme para Steve en otras maneras, como se explora en detalle en I’ll Sleep When I’m Dead. Nunca fue un padre demasiado presente, y era escéptico acerca de la devoción de Steve por la música -«El era como: ‘No quiero que seas barman mientras estás en una banda por el resto de tu vida'». Más allá de ayudarlo con los costos de la universidad, dice Aoki, «mi papá nunca me dio un peso». En lugar de sentir resentimiento hacia Rocky, Steve se esforzó por hacer que estuviera orgulloso de él. Cuando era niño, Aoki intentó llevarse bien con jugadores de fútbol americano y otros miembros de las banditas que estaban «in». «Quería ser cool, y no era fácil», dice. Se describe como un «chico asiático pequeño que intentaba encajar», y era víctima del racismo. Algunos chicos se burlaban tirando de los costados de sus ojos, otros le arrojaban piedras. Las cosas mejoraron cuando empezó a llevarse bien con skaters y punks, que lo llevaron a shows de hardcore para todas las edades. «Me rapé, me puse Xs de straight edge en la mano, aprendí a tocar la guitarra. Encontré una causa.» En la universidad, hizo cursos de Estudios de la Mujer y se volvió activista, vivía en una comunidad vegana, participaba en manifestaciones pacíficas contra las autoridades y protestaba en nombre de Mumia Abu-Jamal.
Radio Andriiuus Una Radio Joven Con Energía Positiva!!!